PERIODO DE ADAPTACIÓN. EN EL HOGAR…PERIODO DE FAMILIARIZACIÓN

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La actualidad del Hogar.

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Ha pasado algo más de dos mes desde el inicio del curso, pero en el Hogar todavía estamos saliendo del conocido como periodo de adaptación, pues el mes de octubre trajo a dos nuevos pequeños. Como siempre la máxima en el Hogar es hacer que se sientan como en casa; atendidos, comprendidos. Ello está aún más presente, si cabe, en las primeras semanas que trascurren tras cualquier nueva incorporación, pues es vital para el bienestar de todos.

Cuando me entrevisto con las familias que se acercan al Hogar una de las cosas que pregunto siempre es por las rutinas actuales del pequeño/a en casa. Esta información es fundamental para saber de dónde partimos, en que momento nos encontramos. De este modo conocemos cuáles son las necesidades actuales y así, con la máxima honestidad, poder valorar también si el Hogar puede llevar a  cabo el acompañamiento que el peque requiere. En parte dependerá de la edad del pequeño, pero también de las características del grupo existente.

Aclarando términos

Antes de entrar en materia, y como acostumbro a hacer, vamos a profundizar en los términos empleados.

Adaptación

De forma habitual y normalizada se emplea el término periodo de adaptación para el tiempo que transcurre en los primeros días de escolarización de los niños/as.

Buscando en el diccionario se recoge como significado de la palabra “adaptación”:

  1. Acción y efecto de adaptar o adaptarse.

Toca entonces buscar las posibles acepciones del término “adaptar”, encontrando entre otras:

  1. prnl. Dicho de una persona: Acomodarse, avenirse a diversas circunstancias, condiciones etc
  2. prnl.Biol. Dicho de un ser vivo: Acomodarse a las condiciones de su entorno.

Y…entonces ¿Qué pasa en el Hogar?

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Sí es cierto. Los niños que llegan al Hogar se tienen que acomodar a unas nuevas condiciones. El entorno claramente es diferente al del lugar del que proceden. La atención, que hasta ese momento le ha proporcionado su mamá o papá, ha sido única y los cuidados exclusivos.

El Hogar es consciente del gran cambio que supone para los pequeños salir del entorno familiar y pasar a compartir espacio con otros niños/as. Además pasan a ser atendidos por otra figura adulta distinta  a la de la madre/padre o abuelas/os. Es por ello que se procura cuidar mucho este periodo de transición, activando al máximo la capacidad de escucha hacia el otro; de los pequeños y por supuesto de su familia.

Familiarización

Pero, dado el ambiente que en el Hogar se vive, creo que se ajusta más el término “familiarización”. Este lo escuché por primera vez a un gran equipo de profesionales y pronto lo hice mío, pues sentí que encajaba mejor con la realidad de mi trabajo. Las acepciones de la palabra “familiarizar” que encajan con lo que se vive en el Hogar son:

  1. tr. Hacer que algo pase a ser familiar o común para alguien.
  2. prnl. Introducirse y acomodarse al trato familiar de alguien.

¿Lo conseguimos en el Hogar?

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Pues esa es la intención, que los niños/as que lleguen se sientan como en familia. El Hogar es un espacio dinámico, no encorsetado, que es capaz de adaptarse a los cambios iniciales que se producen con la llegada de cada nuevo miembro. Es decir, por así decirlo, si hablamos de ADAPTACIÓN, esta es BIDIRECCIONAL.

Cada nuevo miembro trae algo nuevo que interviene en el grupo. Somos seres sociales, y el grupo se conforma con cada uno de nosotros, desde el más mayor hasta el más pequeño. Todos los componentes suman, todos son individuos únicos que enriquecer al resto.

Al igual que pasa en la sociedad, y el Hogar es un reflejo de la misma, para ser reconocidos necesitamos tener enfrente a alguien que nos reconozca.  Esa es una de las mayores labores del Hogar, que cada miembro se sienta reconocido y valorado por el resto.

¿Cómo lo hacemos en el Hogar?

Antes de una nueva incorporación hay todo un trabajo previo que realizar;

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  • Planificar los primeros días en los que se acoge a la familia.
  • Realizar los reajustes que fueran necesarios en lo que a las rutinas de la casa se refiere para que todos sigan disponiendo de unos cuidados individualizados.
  • Reorganizar espacios o materiales si fuese necesario (si la edad del nuevo peque lo requiere).
  • Preparar los espacios donde guardar el material personal del niño/a que se incorpora.

 

¿Pasáis un ratito con nosotros?

Siempre me gusta invitarles (peque y mamá o papá) a pasar un rato en la mañana con todos nosotros antes de que se incorporen como familia al Hogar. De esta forma pueden ser conocedores de cómo es un día en el Hogar, cual es mi forma de hacer con los pequeños, y por supuesto el niño/a establece un primer contacto con el grupo, lo que le ayudará posteriormente.

Si la mamá/papá se lo puede permitir, siempre es preferible que los primeros días en el Hogar los pasen juntos. Lo considero de gran importancia, pues de este modo todos disponemos de un tiempo de transición. El pequeño/a así puede explorar el entorno sintiéndose seguro junto a su ser querido, y el adulto también se relaja al poder acompañarlo durante unos días, viéndolo actuar en el espacio. Todos nos podemos conocer así un poquito más.

Reajustando rutinas

Con la llegada de un nuevo miembro es posible que sea necesario reajustar rutinas. Esto ocurre sobre todo si la diferencia de edad es grande. Los menores de 14 meses suelen necesitar una siesta en la mañana, mientras que a los más mayores les pueden las ganas de explorar, jugar y moverse todo el rato, por lo que dejan el descanso para después de comer.

En ese caso, como si de un baile se tratara, es necesario simultanear la siesta de los más pequeños con el juego de los más mayores, de tal forma que todos lo disfruten.

Cierto es que hay una dirección, un camino a seguir; unas rutinas en el día, en la semana, pero con cierta flexibilidad inicial. Poco a poco, todos nos vamos conociendo y las rutinas de la casa se van ajustando a las necesidades de cada uno de los integrantes del Hogar. Como si de un puzle se tratara las piezas van encajándose unas con otras.

Lo que está siempre presente

Algo que siempre está presente en el Hogar es lo importante que es proporcionar salud a todos. Ello se procura generando un ambiente armonioso, donde no existen las prisas, y donde la prioridad es siempre cubrir las necesidades básicas de cuidado.

Se trata día a día de establecer un clima de confianza, mediante la escucha activa de todos los pequeños/as, mediante la mediación en los posibles conflictos, dándoles modelos de resolución para la vida social de la cual siempre van a formar parte.

Con todo ello se pretende facilitarles un ambiente en el que puedan poco a poco ir desplegando su ser, desarrollarse íntegramente.  Se desea ofrecer un entorno que sea lo más amable con ellos, para que ellos puedan serlo con los demás.

Atenciones prestadas en el periodo de familiarización

En este tiempo de transición se pone toda la voluntad en atender a todas las partes, pues tan importante es cuidar al niño/a que se separa por primera vez de su mamá o papá, como a estos mismos. La forma de cuidar a cada uno de ellos es diferente, pero procuro actuar con la misma sensibilidad con ambos.

Atenciones al pequeño/a que se incorpora

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Tras la separación en la mañana, al marchar la mamá/papá, los primeros días es posible que el pequeño se quede llorando. Todos desearíamos que eso no ocurriera, pero caso de que ocurra, lo cual es muy probable, es importante permitir al niño expresar su malestar, dejar salir sus emociones que en ese momento se canalizan a través del llanto.

Acompañar el llanto.

En ocasiones veo como se pide a los niños que dejen de llorar empleando frases como; “no llores cariño”, “ya está, no pasa nada”, “venga que ahora mismo se te pasa”..etc.  Lo que se les está pidiendo, sin darnos cuenta, es que dejen de mostrar lo que en ese momento están viviendo, se les pide que ahoguen una emoción. Sería bueno que cada uno se preguntase; ¿Cuál es el motivo de pedirle que deje de llorar?, ¿es por él o por mí?. ¿Es él el que quiere dejar de llorar o soy yo la/´él que llevo mal verle llorar?.

En el Hogar llorar es aceptado. Claro está que lo deseable es que ello no ocurriera, pero si ello ocurre está permitido. La principal labor es acompañar el llanto, si eso sucede.

Actuar con máximo respeto, intentando conocerlo día a día.

Pero…¿Cómo acompañar el llanto?, pues con máximo respeto. Cada individuo, ante una situación difícil; tristeza, desconcierto, frustración..etc, siente una necesidad diferente en lo que al contacto con el otro se refiere. Esto es fácil de comprender con un ejemplo:

Supongamos que tenemos un amigo que está atravesando por una situación difícil. A cada uno se nos puede ocurrir una forma de ayudarle, pero…. ¿qué es lo que desea realmente el afectado?. Unos buscan el contacto, el abrazo, poder llorar junto al amigo. Otros aun queriéndolo no son capaces de pedirlo, se bloquean, y solo sacan su malestar si el otro da pie. Otros rechazan cualquier contacto, prefieren la soledad para pasar el mal trago. En resumen, lo importante es conocer al amigo para así poder respetarle ofreciéndole aquello que sabemos que desea.

Pues respetar al niño/a es precisamente esto; en primer lugar intentar conocerle, interesarse por él/ella, para desde ahí ofrecerle unos brazos que le rodeen, una mano que le acaricie, o simplemente la compañía.

Estar presente para poder poner palabras a lo que viven.

Además en la etapa de 0 a 3 años es muy importante poner palabras a lo que sucede. Se procura estar presente para identificar lo que le ocurre, intentando, siempre que se reconozca lo que está viviendo el pequeño, expresarlo verbalmente. De este modo ellos, día a día, van asimilando la valiosa herramienta que es para el ser humano el lenguaje oral. Esto les permitirá sustituir en muchas ocasiones el lloro por la palabra conforme vayan creciendo.

Mostrar sinceridad siempre con afecto, comprensión y una actitud positiva.

Es una norma de la casa ser sinceros, no mentir a los niños. Es habitual decirles, con la mejor intención del mundo, mensajes del tipo “la mamá viene enseguida” o “el papá se va un ratito y vuelve”. Si lo reflexionamos un poco, el desconcierto que se les genera no es pequeño. ¿Qué significa un ratito?. El concepto del tiempo en estas edades está ligado a las rutinas, a la sucesión de acontecimientos y no a un concepto abstracto.  Poner claridad a lo que acontece hace que el pequeño/a viva la situación con más confianza.

Es probable que en un principio la noticia no sea de su agrado “la mamá se ha ido a trabajar, viene después de comer”. Pero si la sinceridad va acompañada de afecto, comprensión y siempre con actitud positiva, el malestar que vive el pequeño poco a poco lo va digiriendo mejor. Una vez que entienden que la mamá realmente vuelve,  que además lo hace justo cuando le hemos dicho, es decir después de comer, entonces se sienten seguros durante el día  y felices llegado el momento del regreso.

Ayudarles en el encuentro con el otro

Algo nuevo que se suelen encontrar en el Hogar, que en su casa es probable que hasta ese momento no tuvieran, son los compañeros. A lo largo de la mañana pueden surgir conflictos por disponer cada uno de ellos intereses confrontados. Posiblemente por ser la primera vez que compartan juguetes, espacios, etc.

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Los niños/as del Hogar, por la edad, no disponen todavía de habilidades sociales. Ante la dificultad que tienen para expresarse, cuando les aparece un malestar a estas edades, pueden ser diversas las formas de afrontar el mismo. Algunos lloran, otros se quedan paralizados, incluso en ocasiones pueden llegar a lastimar al otro. Esto último se debe precisamente a no disponer todavía de las fuerzas sociales necesarias para manejarse en grupo, pero hay que tener claro que nunca tienen intención de hacer daño. Esta visión es muy importante a la hora de actuar como adultos. El niño es bueno por naturaleza, esto nunca hay  que perderlo de vista.

Ante esto como siempre lo importante es la observación, estar muy presentes para ayudarles a encontrar la forma de relacionarse. Además todo lo social es cultural, no innato, lo aprenden de nosotros. Tal y como nosotros, modelos de referencia, resolvamos los conflictos en la vida, ellos copiaran. Por este motivo es tan importante  ayudarles en el encuentro con el otro. Establecer en primer lugar la norma que consideramos adecuada para la buena convivencia de todos es básico, y como siempre acompañar al gesto con la palabra. Así, día a día van interiorizando las normas, van adquiriendo herramientas sociales para relacionarse con el otro, para finalmente ser capaces de hacer uso de ellas. Este es un trabajo que comienza desde el primer día y perdura en el tiempo durante todo el curso, con gran paciencia y dedicación.

Ofrecer tranquilidad y bienestar

Por último, gran parte de mi trabajo en estos primeros tiempos, donde todos nos adaptamos a la nueva situación, es estar muy presente y tranquila. Convencida de que todos, día a día, vamos a disfrutar de la experiencia de estar juntos en el Hogar.

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La atención está puesta en el bienestar de todos, incluida yo, cuidándome para ello, pues es imprescindible para poder cuidar. Esto último en ocasiones puede resultar complicado por la entrega y dedicación, pero es vital para todos. Además,  dentro de la pedagogía Waldorf, se tiene muy presente esta realidad. Se sabe que  el niño de estas edades se nutre del cuerpo etérico del adulto, lo que puede provocar un desgaste si uno no procura reponer la “energía” consumida. Por este motivo busco volver a equilibrarme, para así ofrecer lo mejor de mí a los pequeños/as, facilitándoles crecer y desarrollarse sanamente.

Atenciones a la familia

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La separación no solo es dura para los niños/as. Los adultos también podemos vivir este momento con cierta ansiedad, pues todo es nuevo para ambos. Algunas de las preocupaciones pueden ser; no saber cómo va a pasar el día; si llorará mucho; como se le atenderá cuando esto ocurra; como se dormirá…etc.

Abrir las puertas de mi Hogar

Por todo ello, y conforme he dicho anteriormente, me gusta invitarles previamente. Pasar parte de la mañana en el Hogar, antes de la incorporación del peque, ayuda a despejar ciertas dudas.

Informar de lo acontecido en el día

Una vez el pequeño/a ya está en el Hogar es para mí muy importante informar a las familias de lo que ha acontecido en el día.  Sobre todo al principio, las familias necesitan saber que ocurre. Busco la honestidad, siendo transparente y sincera, pues lo considero básico para el ejercicio de mi profesión. De este modo se construyen los cimientos de una relación de confianza, pues…¿Cómo si no los papas van a estar tranquilos?.

Procurar cercanía y comprensión

Por último, también procuro estar muy receptiva al estado de la mamá/papá, a si percibo angustia o malestar. En esta sociedad de las prisas y de tiempos acelerados parece no  comprenderse el sufrimiento que puede producir la pronta separación.

En este caso siempre digo que cada uno mire si es el momento deseado para separarse, que se reflexione valorando todas las posibilidades, pues cierto es que es una etapa que pasa y no vuelve y disfrutarla juntos es todo un regalo.

Dicho esto es posible que la vida laboral marque los tiempos y la separación sea inexorable. Tomada la decisión, es decir si tras la reflexión la conclusión es: “ha llegado el momento de la separación”, entonces hay que hacer el duelo, sí, pero con seguridad y alegría por la decisión tomada.

Así, desde nuestra seguridad, desde nuestro pensar, ese al que los niños tienen acceso aunque nosotros no lo sepamos, la vivencia es más llevadera. El pequeño integra la nueva situación, y poco a poco todos nos vamos familiarizando con ella.

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