Virginia Sánchez Muñoz

Mi experiencia

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Soy Virginia, Educadora Infantil y madre. Con formación de tres años en pedagogía Waldorf complementada con un acercamiento a la visión de Emmi Pikler.

Desde que fui madre en el 2010 un nuevo mundo se abrió ante mí, el de la primera infancia. Esto hizo que cambiara mi trayectoria profesional, formándome para ello en estos últimos años. Es mi deseo acompañar a los más pequeños y aprender de ellos todos los días.

Apasionada del estudio de la primera etapa de la vida, tan importante para el desarrollo de nuestra personalidad, a pesar de ser una huella invisible a los ojos de nuestra consciencia.

Soy una persona en constante formación, actualmente volcada en la rama de la educación, disfruto de ello. La fuente de tal placer es encontrar las respuesta a las cuestiones que en el día a día se me plantean en el hacer con los pequeños.

En junio del 2014 empecé mi nueva andadura profesional, llevando a cabo mi iniciativa de madre de día amateur. Durante un año y tres meses estuve al cuidado de dos hermanos en mi propio hogar mientras finalizaba los estudios de Técnico en Educación Infantil. Después de realizar esta labor, comencé en septiembre de 2015 mis prácticas en la Escuela Waldorf de Alicante. Las mismas finalizaron tras cuatro intensos meses. El resto del curso 2015-2016 seguí vinculada a la escuela realizando sustituciones y apoyo en las aulas cuando así se requirió. En julio de 2016 fui la tutora encargada del grupo de primer ciclo de la “Escuela de Verano”.

 

Mi mirada hacia la infancia

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Mi mirada es de profundo respeto hacia cada uno de los pequeños que nos rodean. Todos traen algo en su interior que les hace únicos, y en la relación con ellos, los adultos, tenemos mucho que aprender día a día. Para mí es un auténtico privilegio estar rodeada de esos “locos bajitos” [i]. Ellos me ayudan a ser mejor persona, a querer superarme, y a mantener la esperanza en un mundo mejor, pues ellos son la sociedad futura.

Siento una profunda admiración por todo lo que acontece en los primeros años de vida, de rápido crecimiento y maduración. Etapa donde el desarrollo va unido a una conquista tras otra, considerando vital que estas nazcan desde el propio hacer del individuo, desde su interés. Pequeños curiosos, científicos, malabaristas, a la conquista de la vertical, de la palabra, todos únicos y diferentes.

Disfruto viéndoles en el puro movimiento, pues sé que durante el primer septenio, este es fundamental para el desarrollo de su cuerpo físico. Todos traen la voluntad de un hacer permanente, impulso que obra en su cuerpo. El cuerpo físico es la casa que va a albergar para toda la vida al ser único que llevamos dentro. El movimiento resulta así ser síntoma de salud, tanto corporal como psíquica. A través de él se establecen las conexiones neuronales que le permiten conocerse a sí mismo y al entorno.  El movimiento es además la base del desarrollo del lenguaje y del pensamiento.

Mi hacer

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Mi labor es la de acompañarlos en los desafíos que se encuentran día a día, con amor y respeto, dejando aflorar las individualidades, siendo ellos los principales protagonistas de su autoconocimiento y del mundo que le rodea.

Además presto atención a su desarrollo, buscando que sea equilibrado y sano en el plano físico, afectivo, social e intelectual. Para ello es de gran importancia la observación. Gracias a ella se se dan dos tipos de intervención, una indirecta y otra directa.

La indirecta tiene que ver con la modificación de los espacios o de los materiales, ajustándose estos a sus necesidades.

Por otro lado, la directa tiene que ver con los cuidados y la comunicación con los niños. Así esta presente en mi hacer una clara intención pedagógica, basada principalmente en mi formación Waldorf, y en el recién acercamiento al hacer de Emmi Pikler .

A través del clima de confianza y de los cuidados individualizados deseo que sean capaces de abrirse al mundo, mostrando lo que llevan dentro, de forma que la semilla que vive en cada uno de ellos florezca y muestre su belleza.

[i] En relación a la canción de Serrat “esos locos bajitos”